Principales cambios en el proceso de envejecimiento

Modificaciones fisiológicas en el anciano

Las modificaciones fisiológicas típicas del envejecimiento incluyen:

Modificaciones de nariz, garganta y lengua: Hay una disminución en los sentidos del gusto (se pierde la capacidad de detectar sabores salados más que los dulces) y del olfato, además de una pérdida de centros neuronales primarios. Esto puede llevar con frecuencia a intoxicaciones por la ingestión de alimentos en mal estado, pérdida de apetito o anorexia, lo que resulta en disminución de peso y aparición de manías alimenticias.

Modificaciones de la piel: En la vejez, la piel se vuelve descolorida, delgada, arrugada, seca y frágil debido a la atrofia de las glándulas sebáceas, lo que reduce la grasa corporal. También se produce un aumento del grosor y la fragilidad de los vasos sanguíneos. La elastina pierde su elasticidad, el colágeno se vuelve más rígido, causando arrugas y flacidez de la piel, y se pierde la grasa subcutánea. Por estas razones, la piel del anciano es muy susceptible a sufrir úlceras por presión.

Modificaciones musculares y esqueléticas: La columna vertebral sufre modificaciones anatómicas debido a la compresión de los discos y cuerpos vertebrales, lo que lleva a una disminución de la estatura y del raquis (reducción de la altura de hasta 10-15 cm en algunos casos). También aparece una postura encorvada debido a la atrofia de estructuras esqueléticas de soporte y cambios en la conformación del tórax, como la reducción de la anchura de los hombros y la osificación de los cartílagos costales. Con el envejecimiento, también se produce pérdida de masa ósea, desmineralización, debilidad muscular, reducción del número de fibras musculares, rigidez articular y acumulación de grasa en el abdomen y las caderas. La osteoporosis, que es la pérdida gradual de calcio en los huesos, se acelera en los primeros 5 años de la menopausia debido al déficit de estrógenos. En las primeras etapas de la enfermedad, no hay síntomas, pero a medida que progresa, aumenta la tendencia a sufrir fracturas, lo que puede llevar a una disminución de la estatura.

Modificaciones de la boca y dentadura: El epitelio bucal aumenta su grosor y se vuelve más susceptible a cualquier irritación. Hay una disminución en la producción de saliva. Son comunes las várices bucales en la lengua y las caries dentales, que resultan en la caída de los dientes. Además, hay un desgaste del esmalte y la dentina, y un aumento del cemento. También es frecuente la atrofia gingival y mandibular.

Modificaciones cardiovasculares:

En el corazón:

  • Disminuye de peso y volumen.
  • Atrofia de las fibras musculares.
  • Rigidez en las válvulas cardíacas.
  • Aumento de grasa subepicárdica.

En la arteria aorta:

  • Pierde elasticidad.
  • Incremento en el perímetro, espesor, volumen, peso y longitud.

En las arterias:

  • Alargamiento de las arterias.
  • Dilatación arterial.
  • Trayectoria tortuosa.
  • Mayor rigidez.

En las venas:

  • Esclerosis (aumento de tejido conjuntivo).
  • Disminución de fibras elásticas y musculares.
  • Tendencia a la dilatación.

Modificaciones funcionales cardiovasculares:

  • Aumento del gasto cardíaco.
  • Disminución de la fuerza de contracción.
  • Prolongación de la duración de la sístole y la diástole, y del tiempo entre ambas.
  • Modificación de la tensión arterial.

Modificaciones respiratorias:

En los pulmones:

  • Disminución del volumen, peso y consistencia.
  • Dilatación de los bronquios con adelgazamiento de sus paredes.
  • Dilatación de las cavidades alveolares.
  • Disminución del grosor de la pared alveolar y de los capilares sanguíneos.
  • Engrosamiento y endurecimiento de las arterias pulmonares.

En la caja torácica:

  • Alteraciones en los huesos, cartílagos y músculos.
  • Rigidez en las articulaciones.
  • Degeneración de los discos intervertebrales.

Modificaciones funcionales respiratorias:

  • Aumento de la frecuencia respiratoria.
  • Disminución de la capacidad vital y pulmonar total.
  • Aumento del volumen residual.
  • Disminución del volumen respiratorio y de la difusión alveolo-capilar.

Modificaciones digestivas:

En el esófago:

  • Dilatación debido a alteraciones en las fibras musculares.
  • Alteración en las ondas peristálticas, lo que ralentiza el paso de los alimentos.

En el estómago:

  • Movimientos más lentos y disminución del tono.
  • Atrofia de la mucosa.
  • Disminución en la producción de ácido gástrico, pepsina y otras sustancias necesarias para la digestión.

En el intestino delgado:

  • Modificaciones en la capa mucosa, la motilidad y el flujo sanguíneo.
  • Disminución en la secreción de enzimas pancreáticas.
  • Peor digestión y absorción de grasas.
  • Perturbaciones en la absorción de hierro, calcio, vitamina B y ácido fólico, lo que puede provocar cuadros de avitaminosis.

En el intestino grueso:

  • Hipotonía, lo que lleva a cierto estreñimiento.
  • Hipotonía en los esfínteres anales, resultando en un control deficiente de los mismos.

Modificaciones urinarias:

En el riñón: Experimenta una reducción del volumen (entre el 25 y 40%), así como una disminución en el número de glomérulos y nefronas. También se produce una pérdida de peso y un aumento progresivo de grasa tanto perirrenal como intrarrenal. Hay una disminución del flujo plasmático.

Función renal: Se reduce la tasa de filtrado glomerular y la capacidad de excreción y reabsorción en los túbulos renales.

En la vejiga: Se vuelve hipotónica debido a la reducción de la elasticidad de su tejido. El músculo vesical se fibrosa y el epitelio vesical experimenta trastornos que, junto con la disminución de la capacidad contráctil del músculo detrusor, aumentan el riesgo de infección.

Modificaciones en el sistema nervioso:

Peso del cerebro: Se reduce aproximadamente un 11% entre los 45 y los 85 años (peso normal 1.400 gramos a los 20 años). Aunque se pierden hasta 100.000 neuronas diarias, no hay pruebas de que esta pérdida de peso se deba únicamente a la pérdida de neuronas, pudiendo ser también por la disminución del líquido extracelular.

Cambios estructurales: La corteza cerebral se adelgaza y los ventrículos aumentan de tamaño. Se pierden neuronas en diferentes áreas del cerebro, incluyendo el cerebelo y la médula espinal. Las neuronas sufren degeneración estructural y pérdida de terminaciones.

Oxígeno y consumo de sustancias: El cerebro utiliza la misma cantidad de oxígeno durante toda su vida, pero en la vejez aumenta el consumo de ciertas sustancias y presenta una mayor cantidad de pigmentos de hierro.

Conducción nerviosa: La conducción en los nervios periféricos se vuelve más lenta, dificultando la percepción del “tacto fino” y del “dolor”. El temblor senil, rápido y fino, también se origina en este proceso.

Placas seniles: Se observan en cerebros envejecidos y en aquellos con demencia presenil. Estas placas se encuentran principalmente en la corteza cerebral y su acumulación tiene un origen incierto, no habiéndose demostrado que influyan en la aparición de patologías cerebrales.

Vasos sanguíneos cerebrales: Se aprecia una esclerosis significativa de los vasos sanguíneos en la base cerebral, que se vuelven estrechos, frágiles, tortuosos e inelásticos.

Capacidad intelectual: Según algunas teorías, la pérdida progresiva de neuronas no implica una pérdida de capacidad intelectual, ya que esta pérdida puede ser compensada por la proliferación de conexiones entre las neuronas. El deterioro intelectual en algunos ancianos se debería más a procesos patológicos que al envejecimiento natural.

Regulación de la temperatura: Dificultades a nivel hipotalámico, lo que hace a los ancianos más susceptibles a la pérdida de líquidos y a la desnutrición.

Aspecto psicológico: Existen dos tipos de ancianos: los bien adaptados (que manejan bien su condición y mantienen al menos parcialmente su independencia, aceptando la ayuda) y los mal adaptados (que pueden ser irritables o autodespreciativos). El comportamiento en la vejez suele ser una extensión del carácter que siempre han tenido.

Modificaciones visuales y auditivas:

Visión: Disminución de la agudeza visual, de la capacidad de acomodación y de la visión nocturna. Reducción del campo periférico de visión. Aparición de trastornos lagrimales, cataratas, degeneración macular, glaucoma, retinopatía diabética y desprendimiento de retina.

Audición: Disminución en la percepción de las frecuencias altas, seguida de una disminución en la percepción de los ruidos ambientales, lo que puede llevar a retraimiento y aislamiento social. Pérdida conductiva de la audición debido a la presencia de fluidos y tapones de cera. Durante la evaluación, se debe descartar la presencia de cerumen.

Modificaciones psicológicas en el anciano

El declive de las funciones intelectuales en los ancianos no está directamente relacionado con la edad cronológica, sino que está más ligado a la aparición de enfermedades que causan un cierto deterioro de la capacidad intelectual. La pérdida de memoria reciente tiene un impacto negativo a nivel psicológico y preocupa especialmente al anciano, quien suele lamentarse a menudo por ello. Las personas con mayores recursos intelectuales parecen estar mejor preparadas para enfrentar la vejez. Cuantos más recursos humanos propios posea una persona, mejores serán sus condiciones de vida, y el nivel cultural es un recurso humano de gran importancia.

Es común que los ancianos experimenten una disminución de la autoestima, especialmente relacionada con el abandono de la vida laboral activa, la disminución de las condiciones socioeconómicas, la muerte del cónyuge, entre otros factores. Esta etapa se caracteriza por sentimientos de soledad, falta de actividad laboral, poca integración en la vida social y familiar, e incluso sentimientos de inutilidad.

Esto afecta negativamente su estado general, provocando desinterés, pesimismo, falta de integración y desadaptación. Los mecanismos de respuesta del anciano ante la situación de vejez varían según su personalidad, experiencias acumuladas y recursos personales. Pueden desarrollar mecanismos de:

Separación: Alejamiento del entorno que lo rodea.

Integración: Aceptación del envejecimiento con cierta resignación.

Actividad: Reacción ante el sentimiento de inutilidad, buscando alternativas y actividades provechosas tanto para él como para la sociedad, lo que le ayuda a sentirse útil y a mejorar su autoestima.

Modificaciones sociales

El modelo cultural predominante en nuestra sociedad define y diferencia claramente el papel de hombres y mujeres en relación con la organización y distribución de tareas y responsabilidades en el ámbito familiar y social. Esta asignación de roles por razones de género está experimentando una transformación lenta pero significativa, en busca de un nuevo modelo de organización familiar y social que garantice la igualdad de oportunidades para ambos sexos. Este fenómeno ha sido impulsado principalmente por los movimientos surgidos en las últimas décadas en favor de la igualdad de oportunidades.

La crisis de la jubilación está relacionada con el papel que culturalmente ha desempeñado el hombre en el ámbito familiar y social. Con la jubilación, se pierde la responsabilidad familiar, disminuye el poder adquisitivo y se desarrolla un sentimiento de pérdida del prestigio social. La jubilación a menudo conduce al aislamiento social, ya que el trabajador pierde su grupo de relaciones laborales cotidianas, incluso parte de sus amistades, y debe adaptarse a un nuevo estado que implica una reestructuración de su vida. Aunque cada persona experimenta la jubilación de manera diferente, para muchos supone el comienzo del final, provocando una crisis o conflicto personal.

Surgen problemas que afectan los aspectos físicos, psíquicos, familiares y sociales. Para algunos, la jubilación representa una etapa en la que pueden dedicarse a realizar sus sueños y, para estos, no supone ningún tipo de trauma.

El anciano necesita afecto y sentirse parte de la familia. La fatiga producida por cuidar y vigilar al anciano, casi siempre con horarios estrictos, agota rápidamente los recursos físicos y emocionales del cuidador.

El anciano puede mostrar signos de la tensión familiar a través de múltiples quejas, angustia y fatiga. Es común que el anciano lamente querer depender menos de su entorno familiar, lo que se manifiesta con agitación, voz estridente, mirada huidiza y retorcimientos de manos.

Al mismo tiempo, el anciano puede experimentar cansancio o fatiga, lo que se traduce en insomnio nocturno, abatimiento, irritabilidad, ojeras y suspiros frecuentes. También puede mostrar signos y síntomas de deterioro en la relación con la persona que lo cuida. Estos signos y síntomas incluyen:

Aislamiento: La infelicidad y la impotencia del anciano en cuanto a las relaciones con el cuidador se traducen en el aislamiento. Es típico que el anciano adopte una posición fetal y nunca inicie una conversación.

Alteraciones de las funciones cognitivas: El anciano puede experimentar regresiones en la capacidad cognitiva y un deterioro creciente de la memoria a corto plazo. También puede observarse una disminución en el pensamiento y la capacidad para tomar decisiones.

Miedo: Los signos de miedo o temor manifestados por el anciano incluyen rechazo hacia el cuidador, expresión de temor en el rostro cuando el cuidador se acerca, conducta insinuante y pasividad inusual.

Hostilidad: El anciano suele manifestar hostilidad a través de agresiones verbales. Entre los factores de riesgo para los problemas en la vida diaria del anciano se destacan: escasez de recursos económicos, obstáculos ambientales, problemas de salud, abuso de sustancias (medicamentos) y disminución de recursos comunitarios.

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