Valoración geriátrica integral

La enfermera y doctora Marjory Warren, desde una Unidad de Larga Estancia en el Reino Unido, comenzó los primeros estudios sobre la valoración geriátrica al observar que muchos ancianos no habían recibido una evaluación adecuada. Sin duda, los diversos problemas que presenta el anciano, en su mayoría interrelacionados y complejos, hacen que la valoración del anciano deba considerar no solo la esfera clínica, sino también todos los aspectos “biopsicosociales” que rodean a la persona.

La valoración geriátrica integral es la base de la geriatría y mediante este método de evaluación se puede investigar en profundidad las necesidades del anciano, lo que facilita la implementación de terapias y cuidados más ajustados a las carencias reales de cada individuo.

Distintos autores definen la valoración geriátrica integral como un proceso diagnóstico, estructurado, dinámico, multidimensional (en los niveles físico, funcional, psíquico y socioambiental) e interprofesional que permite identificar las capacidades del anciano, así como sus problemas y necesidades en los ámbitos clínico, funcional, mental y socioambiental.

En la valoración física, se analizan los aspectos clínicos habituales incorporando las repercusiones del proceso de envejecimiento. La valoración psicológica abarca tanto el campo cognitivo como el afectivo. También se consideran todos los aspectos sociales, ambientales y económicos que puedan influir en la satisfacción de las necesidades del anciano.

La situación funcional del anciano, su capacidad de vivir de forma independiente, se determinará a partir de los resultados de las limitaciones en los campos físico, psicológico y social, aunque también debe evaluarse por separado.

La valoración geriátrica integral permite identificar los recursos que mantiene la persona mayor, sus posibilidades de mejora y proporciona información sobre los servicios que necesita y las necesidades que presenta. Estos elementos facilitan el desarrollo de un plan de cuidados que debe ser dinámico, progresivo, coordinado y continuado para satisfacer las necesidades del anciano y sus cuidadores.

La idealidad en la valoración geriátrica integral radica en la participación de distintos profesionales de diversas disciplinas, que aporten su conocimiento específico en cada área a valorar durante las reuniones multidisciplinares, con el fin de obtener una visión lo más completa posible de la persona evaluada.

Las principales diferencias entre la valoración geriátrica integral y la valoración médica habitual son: la multidisciplinariedad, la utilización de escalas cuantitativas, el interés por el anciano frágil y los problemas complejos del mayor, y la preocupación por el estado funcional y la calidad de vida de la persona mayor.

Especialmente se beneficiará de la valoración geriátrica integral el anciano frágil, donde se obtendrán mayores beneficios y eficacia.

Durante toda valoración geriátrica, es esencial considerar el ambiente en el que se desarrolla la entrevista con el anciano. Debemos cuidar el trato y las formas (dirigiéndonos de usted hasta que nos indique lo contrario), utilizar un lenguaje claro, despacio, vocalizando y adaptado a su nivel cultural, prestando atención a la comunicación no verbal, buscando un ambiente adecuado (sin ruido, luminoso y con temperatura adecuada), respetando su tiempo para hablar y facilitando el uso de las ayudas técnicas que utilice (audífono, gafas, dentadura, etc.).

Objetivos y ventajas de la valoración geriátrica integral

Los objetivos y beneficios que se obtienen mediante la utilización de la valoración geriátrica integral se pueden resumir en los siguientes puntos:

  • Mejora de la precisión diagnóstica: Permite identificar enfermedades o problemas que fácilmente pueden pasar desapercibidos con la valoración médica tradicional.
  • Claridad en los objetivos terapéuticos: La mejora en la precisión diagnóstica permite definir objetivos terapéuticos y de cuidados más claros y racionales, alineados con los déficits o necesidades del anciano.
  • Análisis de interacciones: Facilita el análisis de las posibles interacciones entre los problemas detectados en los distintos niveles de la valoración (física, funcional, psíquica y social).
  • Evaluación inicial del paciente: Identifica la situación de partida del paciente, lo que permite predecir su evolución y detectar cambios a lo largo del tiempo.
  • Conocimiento de recursos: Proporciona información sobre los recursos del paciente y su entorno social, familiar y ambiental.
  • Asignación de servicios: Permite asignar los servicios y ayudas técnicas necesarios, incorporando al paciente a los programas que mejor se ajusten a sus necesidades, optimizando así la utilización de recursos del centro.
  • Evitar la institucionalización: Establece un escenario adecuado para el anciano con el fin de evitar la institucionalización, y cuando esta es necesaria, valorar la ubicación más adecuada.

Para realizar la valoración geriátrica integral, se utilizan generalmente escalas que son herramientas sencillas para una evaluación exhaustiva y rápida. Su uso proporciona:

  • Información objetiva y reproducible: Facilita la transmisión de información a otros profesionales.
  • Eficacia en la detección: Son más eficaces que el juicio clínico para detectar el deterioro o la incapacidad cuando estos se presentan de forma sutil.
  • Cuantificación del grado de incapacidad: Facilita la toma de decisiones, la elección de intervenciones y el seguimiento del paciente.
  • Evaluación de la calidad de los cuidados: Permite valorar la calidad de los cuidados proporcionados.
  • Aplicación en clínica, investigación y gestión sociosanitaria: Su uso adecuado es beneficioso en estos campos.

En conjunto, los beneficios observables tras la realización de la valoración geriátrica son:

  • Reducción en la prescripción de fármacos: Disminuye la necesidad de institucionalización, el uso de hospitales de agudos, las visitas a urgencias hospitalarias y el coste de los cuidados.
  • Mejora en la ubicación del paciente: Mejora la precisión diagnóstica, el estado funcional y la situación afectiva y cognitiva del paciente.
  • Prolongación de la permanencia en el domicilio: Aumenta la permanencia en el domicilio del anciano y prolonga su supervivencia.

Valoración clínica

Al realizar la valoración clínica de una persona anciana, debemos tener en cuenta dos elementos clave que se presentan en las personas de edad avanzada:

a) Cambios asociados al proceso normal de envejecimiento:

Aunque el envejecimiento se presenta de manera desigual en distintas personas, es una realidad la pérdida de funcionalidad en varios sistemas y órganos. Estas pérdidas no serán detectables hasta que sean lo suficientemente significativas.

En muchas ocasiones, se confunden estas pérdidas, que son parte del envejecimiento fisiológico, con procesos patológicos, lo que lleva a una instauración errónea de terapias.

b) Presentación atípica de la enfermedad:

Algunos autores señalan que cualquier enfermedad en una persona mayor puede presentarse de manera atípica o inespecífica. A veces, se manifiesta con confusión mental, caídas, incontinencia, entre otros síntomas. En otras ocasiones, hay una reactivación de los signos y síntomas de enfermedades crónicas ya presentes.

Por ejemplo, un infarto agudo de miocardio puede presentarse sin dolor, las neumonías sin fiebre y los tumores pueden ser silenciosos o acompañados de fiebre de origen desconocido. Estos son algunos de los ejemplos más comunes en los mayores.

En la valoración clínica, es necesario revisar los diagnósticos previos y la historia farmacológica, incluyendo el consumo de medicamentos, alergias, sensibilidades, intolerancias e interacciones que haya sufrido el paciente. La prudencia es esencial en esta evaluación debido a la confusión que a menudo existe entre los cambios normales del envejecimiento y los procesos patológicos, así como los cuadros inespecíficos de presentación de la enfermedad. Es fundamental diferenciar siempre entre envejecimiento saludable y envejecimiento con patologías.

Generalmente, después de una exploración general del anciano, se suelen identificar un mayor número de alteraciones en comparación con los adultos y el tiempo de exploración es más prolongado.

La recopilación de datos sobre su historia dietética es muy útil, especialmente cuando hay un cambio en el entorno de atención (por ejemplo, ingreso en una residencia), ya que proporciona información sobre gustos, costumbres, horarios, etc.

Desglose de los elementos de la valoración clínica:

Anamnesis:

Los déficits sensoriales, de comprensión, de expresión y cognitivos dificultan la entrevista clínica con una persona anciana. Cuando sea necesario, se recurrirá a la colaboración de un familiar, especialmente el cuidador principal, para obtener información sobre síntomas, consumo de fármacos, alimentación, etc. Disponer de los informes clínicos previos facilitará el análisis de los antecedentes del anciano.

Antecedentes personales:

Las enfermedades padecidas a lo largo de la vida, algunas de las cuales son poco frecuentes en la actualidad, las intervenciones quirúrgicas y el consumo de determinados fármacos, entre otros, pueden estar detrás de las alteraciones observables en la vejez.

Historia farmacológica:

El consumo de fármacos en los ancianos es de gran importancia debido al elevado riesgo de iatrogenia (3-5 veces más que en adultos), la aparición de efectos secundarios y la degradación hepática o renal de los principios activos que los componen. Los fármacos de especial vigilancia debido a las repercusiones de su consumo incluyen: diuréticos, antihipertensivos, digitálicos, antidepresivos, neurolépticos y sedantes.

Información sobre la enfermedad actual:

Hemos mencionado la forma atípica en la que, en muchas ocasiones, se presenta la enfermedad en los ancianos. Esto debe tenerse en cuenta al valorar la enfermedad actual del paciente mayor.

Exploración por aparatos y sistemas:

Facilita la identificación de problemas y alerta sobre la polipatología.

Exploración física:

La exploración física de una persona mayor es más minuciosa que la de un adulto y, en ocasiones, está condicionada por la falta de colaboración del anciano debido a diversas patologías. Recogeremos información sobre las constantes vitales (temperatura, tensión arterial, frecuencia cardiaca y respiratoria), el dolor, su aspecto general, el aseo, si lleva sondajes, si utiliza algún dispositivo para la incontinencia, etc.

Pruebas complementarias:

Habitualmente se realiza un análisis de sangre completo, bioquímica, ionograma, sedimento en orina y pruebas de la función tiroidea. También se realiza un electrocardiograma y, en ocasiones, una radiografía de tórax y una prueba de Mantoux.

Valoración funcional

La valoración funcional nos proporciona información sobre las capacidades físicas de las personas mayores para realizar de manera autónoma e independiente las actividades cotidianas que les permiten mantener su bienestar y calidad de vida en su entorno. La función se refiere a la realización de las actividades de la vida diaria, las cuales se dividen en:

  • Actividades básicas de la vida diaria (ABVD): Autocuidado, como lavarse, alimentarse, vestirse, deambular, etc.
  • Actividades instrumentales de la vida diaria (AIVD): Independencia en la comunidad, como cocinar, realizar la compra, manejar el dinero, etc.
  • Actividades avanzadas de la vida diaria (AAVD): Empleo del tiempo libre, ejercicio, contactos sociales, etc.

La OMS considera que la valoración funcional es la mejor forma de medir la salud de los mayores, ya que la función y la enfermedad están relacionadas. Así podemos afirmar que:

  • La prevalencia de enfermedades y la pérdida funcional aumentan con la edad.
  • El deterioro o incremento en la pérdida de una función puede deberse a un proceso mórbido.
  • La pérdida funcional no es inherente al envejecimiento.
  • La suma de enfermedades no genera necesariamente incapacidad funcional.
  • Tanto las enfermedades agudas como la hospitalización a menudo son responsables de una pérdida funcional en los mayores.

Entre las utilidades de realizar la valoración funcional se encuentran: identificar áreas de incapacidad, adecuar las necesidades y el tipo de cuidados, determinar el tipo de rehabilitación que se requiere, establecer pronósticos, planificar cuidados, asignar recursos, evaluar la eficacia y eficiencia de las intervenciones, y determinar la evolución del anciano, entre otros.

Al evaluar la función de una persona mayor, se analiza tanto la acción como si precisa ayuda para realizarla, considerando al individuo independiente o dependiente para dicha función. Dependiendo del instrumento de medida, podemos encontrar variaciones a la hora de precisar el nivel de ayuda o supervisión permitido. Es importante familiarizarse con el instrumento, ya que en algunas escalas el uso de un bastón es un signo de dependencia para la deambulación, mientras que en otras no.

Recuerda que…

La mejor forma de medir la salud del anciano es en términos de función física, siendo el mejor indicador para identificar la aparición de una enfermedad, según la OMS.

La valoración funcional es recomendable realizarla a todas las personas mayores de 75 años independientemente del medio asistencial donde se encuentren; preferentemente se realizará una vez al año, y a los menores de esta edad al menos cuando:

  • Precisan hospitalización.
  • Realizan su primer contacto con el sistema sociosanitario.
  • Son ancianos frágiles o de riesgo.
  • Ante cambios que perduran en el tiempo.

Valoración de las actividades de la vida diaria

Los instrumentos más utilizados son:

Escala de la incapacidad física de la Cruz Roja:

La escala de la incapacidad física de la Cruz Roja es una herramienta simple y fácil de utilizar que clasifica la capacidad de autocuidado del anciano en seis grados (de 0 a 5), desde la máxima independencia (0) hasta la máxima dependencia (5). Presenta una alta sensibilidad y especificidad.

Valoración funcional

La valoración funcional nos proporciona información sobre las capacidades físicas de las personas mayores para realizar de manera autónoma e independiente las actividades cotidianas que les permiten mantener su bienestar y calidad de vida en su entorno. La función se refiere a la realización de las actividades de la vida diaria, las cuales se dividen en:

  • Actividades básicas de la vida diaria (ABVD): Autocuidado, como lavarse, alimentarse, vestirse, deambular, etc.
  • Actividades instrumentales de la vida diaria (AIVD): Independencia en la comunidad, como cocinar, realizar la compra, manejar el dinero, etc.
  • Actividades avanzadas de la vida diaria (AAVD): Empleo del tiempo libre, ejercicio, contactos sociales, etc.

La OMS considera que la valoración funcional es la mejor forma de medir la salud de los mayores, ya que la función y la enfermedad están relacionadas. Así podemos afirmar que:

  • La prevalencia de enfermedades y la pérdida funcional aumentan con la edad.
  • El deterioro o incremento en la pérdida de una función puede deberse a un proceso mórbido.
  • La pérdida funcional no es inherente al envejecimiento.
  • La suma de enfermedades no genera necesariamente incapacidad funcional.
  • Tanto las enfermedades agudas como la hospitalización a menudo son responsables de una pérdida funcional en los mayores.

Entre las utilidades de realizar la valoración funcional se encuentran: identificar áreas de incapacidad, adecuar las necesidades y el tipo de cuidados, determinar el tipo de rehabilitación que se requiere, establecer pronósticos, planificar cuidados, asignar recursos, evaluar la eficacia y eficiencia de las intervenciones, y determinar la evolución del anciano, entre otros.

Al evaluar la función de una persona mayor, se analiza tanto la acción como si precisa ayuda para realizarla, considerando al individuo independiente o dependiente para dicha función. Dependiendo del instrumento de medida, podemos encontrar variaciones a la hora de precisar el nivel de ayuda o supervisión permitido. Es importante familiarizarse con el instrumento, ya que en algunas escalas el uso de un bastón es un signo de dependencia para la deambulación, mientras que en otras no.

Recuerda que…

La mejor forma de medir la salud del anciano es en términos de función física, siendo el mejor indicador para identificar la aparición de una enfermedad, según la OMS.

La valoración funcional es recomendable realizarla a todas las personas mayores de 75 años independientemente del medio asistencial donde se encuentren; preferentemente se realizará una vez al año, y a los menores de esta edad al menos cuando:

  • Precisan hospitalización.
  • Realizan su primer contacto con el sistema sociosanitario.
  • Son ancianos frágiles o de riesgo.
  • Ante cambios que perduran en el tiempo.

Valoración de las actividades de la vida diaria

Los instrumentos más utilizados son:

Escala de la incapacidad física de la Cruz Roja:

La escala de la incapacidad física de la Cruz Roja es una herramienta simple y fácil de utilizar que clasifica la capacidad de autocuidado del anciano en seis grados (de 0 a 5), desde la máxima independencia (0) hasta la máxima dependencia (5). Presenta una alta sensibilidad y especificidad.

Índice de Barthel

El índice de Barthel consiste en diez ítems que evalúan el nivel de dependencia o independencia del paciente, así como la continencia de esfínteres. Una puntuación de 100 indica máxima independencia, mientras que una puntuación de 0 indica máxima dependencia.

Este índice es útil para valorar la evolución del paciente en sus actividades diarias, tanto en conjunto como en aspectos específicos. Una puntuación superior a 60 sugiere una dependencia leve o independencia; entre 40 y 50 indica una dependencia moderada; entre 20 y 40 señala una dependencia severa; y menos de 20 refleja una dependencia total. Además de evaluar el estado funcional y sus cambios, el índice de Barthel permite predecir la mortalidad y ayuda a determinar el lugar más adecuado para el alta hospitalaria.

Puntuaciones del Índice de Barthel:

1 – Independiente: 100 puntos (95 si usa silla de ruedas).

2 – Dependencia leve: Más de 60 puntos.

3 – Dependencia moderada: 40-55 puntos.

4 – Dependencia grave: 20-35 puntos.

Dependencia total: Menos de 20 puntos.

Índice de Katz para actividades de la vida diaria

El índice de Katz es una herramienta fácil y rápida de utilizar que evalúa seis actividades básicas de la vida diaria en términos de independencia o dependencia. Los resultados se traducen en un índice alfabético jerarquizado (A, B, C, D, E, F y G), donde A indica máxima independencia y G máxima dependencia.

Valoración de las Actividades Instrumentales de la Vida Diaria

La principal herramienta para evaluar las actividades instrumentales de la vida diaria es el Índice de Lawton, también conocido como la Escala del Centro Geriátrico de Filadelfia de Lawton.

El Índice de Lawton es útil para detectar las primeras señales de deterioro en las personas mayores, ya que se enfoca en valorar la independencia en tareas domésticas como usar el teléfono, ir de compras, preparar la comida, mantener la casa, lavar la ropa, utilizar transporte, gestionar la medicación y manejar el dinero. Consta de ocho ítems, cada uno puntuado entre 1 (independiente) y 0 (dependiente). Esta escala mide capacidades y tiene un elevado coeficiente de reproducibilidad (0.94).

Máxima dependencia 0 puntos Independencia total 8 puntos

Valoración de la Movilidad

La Escala de Tinetti es el instrumento más comúnmente utilizado para evaluar la movilidad de una persona a través de la marcha y el equilibrio, con el principal objetivo de prevenir caídas.

La Escala de Tinetti se divide en dos partes:

  1. La primera parte evalúa el equilibrio sentado, las funciones de levantarse y sentarse, y el equilibrio de pie.
  2. La segunda parte analiza la marcha, considerando diferentes aspectos del paso y del caminar.

La puntuación máxima para la prueba del equilibrio es 16, y para la prueba de la marcha es 12, dando un total de 28 puntos. Una puntuación más alta indica una mejor funcionalidad del paciente y un menor riesgo de caídas. Se considera que una puntuación por debajo de 19 puntos implica un claro riesgo de caída, que aumenta a medida que la puntuación disminuye.

Valoración Mental

Históricamente, la valoración física del paciente ha tenido una mayor prioridad, relegando los registros psicosociales (mental y social) a datos secundarios que solo se profundizaban en situaciones específicas. Sin embargo, la valoración psicosocial es una parte crucial de la evaluación integral del paciente y es fundamental para proporcionar cuidados holísticos.

La valoración psicosocial no es un evento puntual, aunque se refiere a un momento específico, sino que se lleva a cabo de manera continua y dinámica. Se integra en todo el proceso de evaluación, aprovechando la valoración física y funcional para incluir aspectos psicosociales.

La valoración psicosocial se enfoca en las esferas mental y social. En la valoración mental, se evalúan las funciones cognitivas, afectivo-emocionales y conductuales. Es importante considerar factores como el proceso de envejecimiento y la principal fuente de apoyo del paciente.

Aunque el diagnóstico debe ser clínico, existen numerosos instrumentos y escalas que ayudan a detectar y medir el deterioro de manera rápida, sistemática y reproducible. La utilización de estas herramientas ha aumentado en los últimos años.

Áreas de la Valoración Mental

La valoración mental es una parte fundamental de la valoración geriátrica integral y se centra en tres áreas principales:

  1. Valoración Cognitiva
    • Se enfoca en identificar y evaluar alteraciones en la capacidad de realizar funciones intelectuales (pensar, comunicar, orientarse, percibir). Esta información es crucial para comprender la capacidad del paciente para realizar actividades cotidianas y autocuidado.
    • El deterioro cognitivo no es fisiológico y señala un estado de enfermedad que debe ser valorado y tratado.
    Instrumento: AJ Short Portable Mental Status Questionnaire de Pfeiffer (SPMSQ)
    • Es una prueba rápida y sencilla, especialmente útil en Atención Primaria y Residencias, que proporciona información sobre distintas áreas cognitivas (memoria y orientación).
    • Consta de 10 ítems, con adaptaciones en algunas traducciones (como el noveno ítem que pide el nombre completo y segundo apellido). Es útil para personas mayores, invidentes y analfabetos, ajustando los resultados según el nivel educativo.
    • La interpretación de los resultados se basa en los errores cometidos en los 10 ítems del test. De 0 a 2 errores se considera normal; de 3 a 4 errores, deterioro intelectual leve; de 5 a 7 errores, deterioro intelectual moderado; y de 8 a 10 errores, deterioro severo. El punto de corte para la demencia se establece en 5 errores.

La evaluación mental, incluida la valoración cognitiva, afectiva y perceptiva, es esencial para proporcionar una atención integral y efectiva a los pacientes, especialmente en la geriatría.

Se adjudica un punto por cada error, considerando patológico un total de 5 o más puntos. Se permite un error adicional si el paciente no ha recibido estudios primarios y se resta un error si ha recibido estudios superiores.

B) Test del Reloj de Shulman:

Este test consiste en pedir al paciente que marque una hora específica en la circunferencia de un reloj dibujado, evaluando sus habilidades visoespaciales y visoconstructivas. La presencia de errores en el dibujo, como omisiones, rotaciones, distorsiones, perseveraciones, errores en la colocación, sustituciones y adiciones, indica un deterioro cognitivo. Existen cinco grados de errores y los resultados suelen correlacionarse con el test de Folstein. Es una herramienta fácil de usar y muy práctica en Atención Primaria y Residencias para detectar el deterioro cognitivo.

B) Mini Mental State Examination de Folstein (MMSE)

El Mini Mental State Examination de Folstein es uno de los tests más conocidos y utilizados para el cribado de demencias y para el seguimiento de su evolución. Se puede aplicar en un breve periodo de tiempo (5-10 minutos) y nos permite evaluar y puntuar la orientación, la memoria inmediata, la atención y el cálculo, el recuerdo diferido y el lenguaje y construcción.

La puntuación máxima es de 30 puntos y se considera indicativo de deterioro cognitivo cuando es inferior a 24 puntos.

C) Mini Examen Cognoscitivo de Lobo (MEC)

El Mini Examen Cognoscitivo de Lobo es una versión adaptada y validada en España del Mini Mental State Examination de Folstein, validada en español y ampliada para ajustarse a las características de la población española.

Los apartados que evalúa son:

  • Orientación: siguiendo las indicaciones del test en relación con el tiempo y el espacio, se asignará un punto a cada respuesta correcta.
  • Fijación: se debe repetir claramente cada palabra en un segundo; se otorgarán tantos puntos como palabras se repitan correctamente en el primer intento. Se insistirá en lo que recuerda, pues más adelante en el test se volverá a preguntar sobre estas palabras.
  • Concentración y cálculo: si el paciente no entiende la pregunta, se puede reformular de otra manera, por ejemplo: “si tiene 30 pesetas y me da 3 pesetas, ¿cuántas le quedan?”, dando un punto por cada respuesta correcta (independientemente de que el resultado anterior sea incorrecto). En el segundo ejercicio, se le repetirán los dígitos lentamente (uno cada segundo) hasta que los aprenda correctamente. Luego, se le pedirá que los repita en orden inverso y por cada acierto (en el orden correspondiente) se dará un punto.
  • Memoria: se le dará tiempo para recordar y se asignará un punto por cada palabra recordada, sin ningún tipo de ayuda.
  • Lenguaje y construcción: se seguirán las instrucciones del test.

Valoración afectiva Una adecuada valoración afectiva/emocional permite detectar y cuantificar posibles trastornos del estado de ánimo o del área afectiva, siendo clínicamente relevantes procesos como la depresión y la ansiedad. Estas alteraciones repercutirán directamente en la independencia del paciente y en la realización de los autocuidados, así como en la colaboración con los profesionales de la salud, pudiendo ser responsables a largo plazo de un deterioro cognitivo.

2. Valoración perceptiva

La valoración perceptiva y conductual proporciona información sobre los hábitos de vida (ejercicio físico, consumo de tabaco y alcohol, la jubilación, el duelo…), la autopercepción (percepción del problema de salud, actitudes frente a los profesionales, cumplimiento terapéutico) y la capacidad de afrontamiento (aceptación de los problemas de salud, cambios conductuales, recursos de afrontamiento).

A) Escala de depresión geriátrica de Yesavage (GDS)

Consta de 30 ítems orientados a la búsqueda de sintomatología psiquiátrica y la calidad de vida. Puede ser autoadministrada, evitando las manifestaciones somáticas, ya que son difíciles de distinguir en la vejez de otras enfermedades físicas.

Se puede realizar en 10-20 minutos; no se requiere entrenamiento previo. Los valores normales están por debajo de 11 puntos. Es la escala más recomendable en la población anciana para el cribado de la depresión.

B) Escala de ansiedad y depresión de Golberg

Ha sido concebida para la detección de la depresión y ansiedad en Atención Primaria y es recomendable su uso en personas mayores. Es un instrumento sencillo, breve y fácil de manejar, presenta 9 ítems con respuesta sí/no en cada una de ellas. En las dos subescalas en las que está dividida (depresión y ansiedad) existe un punto de corte en la cuarta pregunta y si en las preguntas previas muestra tres o más respuestas positivas, se continúa con las otras cinco.

C) Rating Scale para Depresión de Hamilton

Esta escala proporciona una medida del estado depresivo del paciente y consta de 17 preguntas con distinta gradación de gravedad (unas de 0 a 2 y otras de 0 a 4). No se utiliza para diagnosticar la depresión, pero permite estratificar su gravedad en base a la significancia clínica y es sensible a las variaciones existentes en el mismo paciente (por ejemplo, cuando toma medicación antidepresiva).

La puntuación de 18 marca el punto de corte ante una depresión moderada.

Valoración social

La valoración social es una parte esencial de la evaluación psicosocial, ya que nos permite entender la relación del paciente con su entorno o estructura social cercana. Este aspecto es crucial para la implementación de cuidados de larga duración y puede influir en la evolución clínica y funcional del paciente, así como en el riesgo de institucionalización.

Varios elementos juegan un papel importante en el ámbito social:

  • Relaciones sociales: Incluye las relaciones con la familia, vecinos, amigos y asociaciones, valorando tanto la cantidad como la calidad de estas interacciones. La ausencia de relaciones sociales se asocia con una mayor morbilidad, mortalidad y dependencia.
  • Actividades sociales: Se consideran las actividades que el paciente realiza o ha dejado de realizar debido a su enfermedad, abarcando desde el trabajo actual hasta los planes futuros, pasando por hobbies y otras actividades.
  • Recursos sociales: Incluye la vivienda, los recursos económicos, las barreras arquitectónicas, el entorno y los recursos públicos y privados disponibles.
  • Soporte social: Este se refiere al conjunto de ayudas económicas, afectivas o de apoyo físico que el paciente recibe de otras personas o entidades.

Las escalas de valoración social se utilizan con menos frecuencia debido a su complejidad y extensión. La escala social de Gijón y la escala OARS son dos ejemplos de herramientas comúnmente usadas en la evaluación de personas mayores. La escala OARS es la más conocida y proporciona información sobre la estructura familiar, los patrones de amistad y visitas sociales, y la disponibilidad de cuidadores. Sus parámetros de evaluación varían desde excelentes recursos sociales (6 puntos) hasta relaciones sociales completamente deterioradas (0 puntos).

Para optimizar el uso de los recursos sociosanitarios disponibles, es fundamental que los profesionales sanitarios y los trabajadores sociales trabajen de manera coordinada. Es importante destacar el papel primordial que desempeña la red de cuidadores informales o no profesionales (familia, vecinos) en la atención directa de la persona dependiente en su domicilio. En la mayoría de los casos, la familia se convierte en el principal proveedor de cuidados, permitiendo así que la persona dependiente pueda permanecer en su hogar. También es fundamental reconocer el valor de los grupos de apoyo, grupos de autoayuda o ayuda mutua, y asociaciones, que facilitan los cuidados a largo plazo y proporcionan formación a los cuidadores, ayudándoles a mantener su propia salud y evitando que se conviertan en “pacientes ocultos”.

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