6. HÁBITOS DIETÉTICOS EN EL ANCIANO.

 

Una de las mejores herramientas de dar una mayor esperanza de salud, funcionalidad y calidad de vida es el mantenimiento de un óptimo estado nutricional a lo largo de toda la vida y la práctica de actividad física.

Principales cambios físicos y metabólicos en el anciano:

– Pérdida de la talla.

– Disminución de la masa ósea y muscular (peso).

– Aumento del porcentaje de grasa.

– Pérdida de los dientes.

– Cambios en el sistema digestivo.

– Incremento en la vulnerabilidad ante diversas enfermedades.

– Alteraciones óseas y osteoporosis.

– Disminución en el consumo de energía.

– Disminución del metabolismo basal.

– Disminución del porcentaje de agua corporal.

– Cambios a nivel cardiovascular, respiratorio y músculo esquelético.

– Reducción de la capacidad contráctil del músculo cardíaco.

– Reducción de la capacidad de esfuerzo físico y al estrés.

– Descoordinación motora: cambios en la postura, forma de caminar, capacidad visual y auditiva.

– Afectación de los tres tipos de memoria (de corto, mediano y largo plazo).

– Alteraciones del sueño.

– Menor tolerancia al frío (por menor regulación de la circulación periférica y alteraciones de la tiroides).

– Intolerancia a los niveles de glucosa.

– Menor actividad física.

6.1. FACTORES QUE CONDICIONAN EL ESTADO NUTRICIONAL DE LAS PERSONAS MAYORES.

– Factores físicos y fisiopatológicos: deterioro general, cambios sensoriales, disminución de la sed, problemas de masticación, deglución y uso de los nutrientes, falta de apetito (anorexia del envejecimiento), cambios metabólicos y neurológicos, sarcopenia, osteoporosis, deshidratación, menor actividad física, inmovilidad o discapacidad, pluripatología crónica, dietas restrictivas o regímenes por enfermedad, polimedicación crónica.

– Factores psicosociales, emocionales y economicos: bajos ingresos, pobreza, soledad, dependencia y marginación, instucionalización u hospitalización, depresión o confusión, hábitos poco saludables y rígidos, escasos conocimientos sobre nutrición, tabaquismo o alcohol, dificultad para realizar las tareas básicas (comprar, cocinar…).

Factores que aceleran el envejecimiento.

Hay factores físicos que pueden acelerar el proceso de envejecimiento: estrés, hipertensión, tabaquismo, alcoholismo, alimentación excesiva u obesidad; pero existen otros como el sedentarismo, la soledad…

Factores que retardan el envejecimiento.

Entre los factores que retardan el envejecimiento como el sueño tranquilo, la actividad física continuada, una adecuada nutrición y alimentación y la participación socio laboral.

La comida en este período de la vida debe tener las siguientes características:

– Fácil de preparar.

– Higiénica.

– Estimulante para el apetito.

– Bien presentada.

– Apetecible.

– De fácil masticación.

– De fácil digestión.

Ante todo la comida debe ser fácil de asimilar por la persona y debe mantener sus piezas dentarias o prótesis deben estar en buen estado.

No son apropiados los alimentos duros o muy secos y una buena opción es la dieta semisólida o blanda.

Una alimentación deficiente puede conllevar problemas médicos como osteoporosis, anemia, desnutrición, alteraciones neurológicas. Así que, al planificar la alimentación del adulto mayor se debe tomar en cuenta la pirámide nutricional, con las características de preparación ya descritas.

Hábitos alimentarios.

Se recomienda tomarse el tiempo necesario para la comida, comer lento y masticar bien, para permitir una buena asimilación de los alimentos. El adulto mayor debe ingerir cuatro comidas al día. Es importante cuidar las piezas dentarias o prótesis.

Entre unos bueno hábitos para la eliminación intestinal no debe esperarse al último momento para ir al baño, evitar el uso de laxantes, consumir alimentos ricos en fibra (frutas y legumbres) y tomar 2 litros de agua diarios, realizar actividad física periódica y regular.

Requerimientos nutricionales del adulto mayor.

1gr de proteína por cada kilo de peso al día. 30% de grasas, 15% de proteínas y 55% de hidratos de carbono.

Son señales de alarma de riesgo nutricional una pérdida de peso >10% en 6 meses o >5% en 1 mes.

Nutrientes, alimentos y recomendaciones:

– Hidratos de carbono Pan, cereales, papas, leguminosas 4 a 7 porciones diarias: 1 1/2 a 2 panes además de 1 a 1 1/2 tazas de arroz, fideos, sémola o papas cocidas.

– Fibras, vitaminas y minerales Vegetales y frutas Mínimo 2 platos de verduras crudas o cocidas y 2 a 3 frutas o jugo de frutas naturales diariamente.

– Proteínas de buena calidad y calcio Alimentos lácteos Se recomienda ingerir 2 a 3 porciones diarias de leche, yogur, quesillo o queso al día.

– Proteínas de buena calidad, hierro y zinc Carnes, legumbres y huevo Consumir a diario una presa de pescado fresco o en conserva, o pollo o pavo o una taza de legumbres cocidas o un huevo.

Las carnes rojas, los embutidos, las vísceras y la yema de huevo contienen grasas saturadas y colesterol: por lo que es conveniente comerlas en ocasiones especiales y en pequeña cantidad.

– Aceites y grasas Aceites, grasas y semillas Seis cucharadas de aceite vegetal al día.

– Hidratos de carbono Azúcares y derivados Se recomienda consumirla en cantidad moderadas, disminuyendo el consumo de productos de pastelería y otros alimentos con alto contenido de azúcar. Se recomienda consumir de 3 a 4 cucharadas diarias de azúcar.

Otras recomendaciones nutricionales:

– Reemplazar las carnes rojas por pollo (sin piel) y pescado.

– Ingerir huevos, uno a dos por semana.

– Aumentar el consumo de fibra.

– Disminuir el consumo de té y café.

– Reducir el consumo de sal.

– Moderar el consumo de azúcar.

– Beber entre 6 a 8 vasos de agua en el día (dos litros).

Se consumen con frecuencia dietas monótonas y con baja densidad de energía y nutrientes. Se han observado ingestas deficitarias de calcio, cinc, magnesio, hierro, vitaminas D, B6, , B12, E, tiamina, retinol, carotenos y ácido fólico. La alteración en la percepción sensorial de los alimentos y de ciertas hormonas y neurotransmisores implicados en la saciedad, contribuyen a la denominada “anorexia del envejecimiento”.

Es uno de los grupos con mayor riesgo de malnutrición. Aproximadamente un 4% de la población ≥ 65 años sufre desnutrición y un 22-25% está en riesgo de padecerla. El riesgo es mayor en mujeres que en hombres, en los más ancianos y en los institucionalizados.

Hay gran prevalencia de sobrepeso (43%) y obesidad (30,2%).

Baja ingestión de líquidos que contribuye al alto riesgo de deshidratación El 94,9% de los mayores tienen alguna dolencia crónica, está polimedicado y muchos se automedican lo que origina interacciones y compromete la disponibilidad de nutrientes.

Problemas de masticación y deglución de los alimentos, motivados por la disminución en la secreción de saliva y las alteraciones de la dentadura, que se ven favorecidas por hábitos incorrectos de higiene bucal.

En este grupo de población hay un alto índice de estreñimiento crónico y un uso abusivo de laxantes, con la consecuente alteración de la absorción de nutrientes.

La disminución de la actividad física es, probablemente, uno de los factores que afectan en mayor medida al estado nutricional de las personas mayores, pues adaptarse a unos menores requerimientos de energía presenta un riesgo incrementado de deficiencias nutricionales.

Cronicidad del estreñimiento en la población geriátrica y uso abusivo de laxantes y alteración de la absorción de nutrientes.

Las minusvalías y discapacidades, mayores a medida que aumenta la edad, reducen la autonomía y limitan o imposibilitan tareas tan cotidianas y necesarias como el cuidado personal, hacer la compra, cargar con bolsas, preparar la comida o el mismo hecho de comer.

La disminución de la actividad física es, probablemente, uno de los factores que afectan en mayor medida al estado nutricional de las personas mayores, pues adaptarse a unos menores requerimientos de energía presenta un riesgo incrementado de deficiencias nutricionales.

Los escasos conocimientos sobre nutrición y la baja capacidad económica de una parte del grupo dificultan la adquisición de alimentos y el consumo de dietas variadas y equilibradas.

Uno de cada cinco ancianos vive solo en el propio hogar (especialmente mujeres) o junto con personas de igual edad que condiciona el abordaje en materia de nutrición y determinar los programas nutricionales específicos para cada sexo.

Controlar y adecuar la alimentación de las personas mayores a los objetivos nutricionales con prudencia y flexibilidad y valorar siempre el riesgobeneficio.

Restricciones calóricas o de ciertos alimentos para fomentar la pérdida de peso, impedir su aumento y prevenir o retrasar la enfermedad crónica, podrían comprometer la ingestión de nutrientes esenciales en cantidades suficientes y aumentar el riesgo de malnutrición. La ingesta alimentaria tiene una repercusión esencialmente nutricional, pero posee también un gran significado social y emocional que afectará en gran medida al disfrute y calidad de vida.

El ejercicio físico realizado regularmente puede retrasar, y aun evitar, la aparición de enfermedades crónicas, mantener la capacidad funcional, paliar los cambios en la composición corporal y, de esta manera, contribuir a la autonomía del individuo y a un envejecimiento con éxito población. Algunos de los problemas de salud podrían ser solventados, o al menos paliados, mediante una adecuada intervención nutricional que contribuiría a mejorar la calidad de vida del anciano, reducir la susceptibilidad a algunas de las enfermedades más frecuentes y contribuir a su recuperación y, de esta manera, ayudar a mantener, durante el mayor tiempo posible, un estilo de vida independiente, para permanecer, siempre que sea posible, en el.

La pérdida ponderal se asocia con diversos factores de mal pronóstico. La desnutrición ocasiona una merma en la calidad de vida y altos costes económicos.

La anorexia es uno de los factores fundamentales en la génesis de desnutrición y se ve favorecida por factores como: dietas estrictas, polifarmacia (interacciones) y disfagia. Las enfermedades crónicas como la demencia reducen la autonomía.

Las alteraciones sensoriales (gusto y olfato) favorecen una menor ingesta alimentaria que se traduce en una dieta más monótona y por tanto desequilibrada.

Las alteraciones de la deglución y masticación modifican la elección del alimento y conducen a una dieta insuficiente en términos de energía.

Los aspectos psicológicos también interfieren en la alimentación. Los sujetos deprimidos reducen su ingesta alimentaria y están en situación de riesgo.

Los ingresos económicos del anciano no alcanzan a cubrir sus necesidades.

 

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